La calidad de un agua de riego no solo se explica por las condiciones específicas de su uso, sino también por factores externos tales como el cultivo, el clima, el suelo, el método y manejo del riego, etc.
La calidad de las aguas se explica, en gran parte, por la salinidad de las mismas. Esta calidad se explica por distintas causas, si bien algunas de ellas se generan por causas antropocéntricas como la acumulación de sales debido al sobreriego, pero también por un mal uso de los fertilizantes en el cultivo o por emplear indebidamente las sustancias de residuo animal, o por según que usos de agua regenerada.
Sin embargo, una de las grandes causas de la salinización tanto de las aguas como del suelo se produce por la fuerte evaporación que se da en latitudes desertificadas o en proceso de desertificación, cosa que se evita con el sistema de riego DeepDrop® puesto que el agua se lleva directamente a las raíces. Veremos que esto conlleva otra ventaja.
Todo ello afecta también a los suelos pudiendo generar graves consecuencias en los cultivos puesto que afecta a sus rendimientos e incluso puede llegar a que los suelos puedan dejar de ser aptos para la agricultura.
La salinidad
La salinidad se define como la concentración de sales minerales disueltas, presentes en el agua o en el suelo, referidas a una unidad de volumen o de peso. Todas las aguas de riego contienen sales disueltas, cuyo tipo y cantidad depende de su origen y del curso que hayan seguido antes de su uso.
La salinización afecta a las plantas y los árboles cuando la concentración de sales solubles del agua excede la que le corresponde para el buen crecimiento de la planta.
Entorno y salinidad
La salinización de los suelos es la consecuencia de la acumulación de cantidades de sal por sobreriego y de un mal drenaje de las aguasen en áreas áridas y semiáridas. También puede darse por emplear sustancias de residuo animal incorrectamente y uso indebido de fertilizantes en los cultivos.
La salinización de las aguas también puede darse cuando se usan aguas regeneradas por lo que es recomendable que se diluyan en aguas bajas en sales, y más en latitudes que sufren de mucho calor y donde estas aguas en su proceso sufran evaporación concentrando aún más las sales en ellas.
También puede explicarse por otras hay problemas con la sal cuando se usan aguas regenerada, siendo recomendable diluirlas con agua baja rn sales. Ha pasado en la Axarquia durante la sequía
En las regiones húmedas, el suelo puede salinizarse en zonas que cercanas el mar, sometidas a inundaciones periódicas que hacen que el nivel de salinidad fluctúe, en marismas y en dunas, donde el rocío salino desempeña un papel importante, o por el transporte del viento de partículas de sal desde el mar hacia las orillas costeras.
Consecuencias de la salinidad
Las consecuencias en los cultivos de la salinidad son variadas y representan un problema a nivel internacional puesto que afecta a la disminución de la fertilidad del suelo, a la incapacidad para cultivar y cosechar plantas, supone problemas para absorber los nutrientes desestabilizando la nutrición de los suelos, plantas y árboles. Además, reduce la productividad en los cultivos por toxicidad de iones, genera variaciones en los niveles de acidez, acumulación de las sales que más problemas generan en los cultivos como el cloro, sodio y boro en diferentes lugares de las plantas (semillas, tallos y hojas). Y finalmente, el descenso del potencial hídrico.
Las sales que generan más toxicidad en los cultivos
La toxicidad de cada una de las sales varía según el cultivo, así como los síntomas que producen en las plantas. Las sales que más suelen perjudicar a los cultivos son el exceso de sodio, de cloruro y de boro.
Un exceso de sodio produce sequedad o quemaduras en los bordes exteriores de las hojas. Si el problema persiste, la sequedad sigue por los nervios hasta el centro de la hoja. Los cítricos, aguacate y judía son los cultivos más sensibles al exceso de sodio en el suelo, mientras que trigo, algodón, cebada, alfalfa y remolacha, por ejemplo, son muy tolerantes.
El cloruro que se acumula en las hojas hasta un determinado nivel del peso de la hoja, puede tener unos efectos muy perjudiciales. Éstos se ven mediante quemaduras en la punta de las hojas y avanzar hacia los bordes. Afecta, sobre todo, a cultivos leñosos, siendo muy sensibles los frutales de hueso, los cítricos, el aguacate y la vid.
El boro, a diferencia de los anteriores, afecta tanto a plantas leñosas como a anuales. Incluso en concentraciones bajas perjudica seriamente algunas plantas, pero, a su vez, se trata de un elemento esencial para un buen desarrollo del cultivo. Se suelen ver sus efectos por un amarilleamiento de la punta de las hojas más antiguas que va desplazándose hasta el centro de las hojas entre los nervios y en algunas otras zonas de la planta. Las plantas más sensibles al exceso de boro son, entre otras, la judía, los frutales de hueso y pepita, la vid y el aguacate así como el girasol, el trigo, el maíz y el algodón.
Métodos de riego y salinización
Según el método de riego empleado, la acumulación y distribución de las sales cambiará mucho la calidad del suelo, así como la producción de los cultivos. A su vez, elegir un método adecuado de riego permite controlar con mayor precisión la concentración de sales en el suelo.
Riego por surcos:
La salinidad suele incrementarse en ciertas áreas, según la forma de los surcos, lo que puede permitir a las plantas escapar de las altas concentraciones de sales. Sin embargo, consumo hídrico es muy alto, lo que en países con riesgo de desertificación no resulta conveniente.
Riego por inundación:
En superficies bien niveladas permite aplicar agua de peor calidad que en otros métodos, ya que el control de la salinidad es más sencillo. Pero como en el riego por surcos, el consumo hídrico es muy alto y éste es un parámetro que, en zonas áridas y semiáridas es muy importante.
Riego por aspersión:
Ofrece la posibilidad de aplicar cantidades inferiores de agua a las que se necesitan en los riegos por superficie. Pero el principal riesgo de aplicar aguas salinas con el riego por aspersión reside en que las sales entran en contacto con la superficie foliar y al ser absorbidas provocan quemaduras a las hojas de plantas y árboles. Esto significa, a su vez, que para el riego en aspersión se necesiten agua de más calidad que para los riegos sen superficie.
Riego por goteo:
El riego por goteo, evita el daño en las hojas y disminuye el consumo de agua, conservando la humedad del suelo alta, lo que permite mantener baja la concentración de sales debido a la frecuencia de las aplicaciones. Es especialmente beneficioso en los suelos arenosos que tienen una baja capacidad de retención de agua y donde la variación en el contenido de agua durante el intervalo de riego es más pronunciada que en suelos de texturas más gruesas. El único inconveniente es la necesidad de eliminar las sales que se acumulan en el frente del bulbo.
Riego por goteo con DeepDrop®
El sistema de riego por goteo DeepDrop® tiene la ventaja del riego por goteo explicado anteriormente, a lo que se suma la disolución de las sales en el tubo que lleva el agua al subsuelo para conducirla hasta el sistema radicular de las plantas y los árboles. Además, al ser un sistema de riego subterráneo, respecto al riego por goteo en superficie, evita cualquier tipo de salinización de la superficie puesto que no se pierde agua encima de ella y, a su vez, se evita la salinización causada por la evaporación del agua que no ha filtrado en el suelo.
Aplicación de DeepDrop® según tipos de agua
El sistema de riego DeepDrop® aconseja el uso de estos caudales en función del tipo de planta o árbol, tipo de suelo y tipo de agua que se disponga:
Gotero de 2 L/H: base negra
Hortícolas, plantas ornamentales, arbustivos, árboles con suelos arcillosos. Para todo tipo de suelos, y para suelos arcillosos se recomienda sólo el caudal de 2 L/H. Agua blanda.
Gotero de 4 l/H: base verde
Arbóreos. Terrenos francos. Agua moderadamente dura. Los tiempos de riego se reducen en comparación con los dispositivos de 2L/H.
Gotero de 8 l/H: base azul
Arbóreos. Terrenos arenosos con capacidad de absorción de agua. Aguas duras. Tiempos de riego muy reducidos.
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